“El pueblo chicharrero es propenso a celebrar casi por cualquier motivo”

José Manuel Ledesma Alonso es el cronista oficial de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife y, por lo tanto, perfecto conocedor de todos los entresijos con los que ha crecido nuestra ciudad desde el momento de su fundación. Con él hablamos sobre el calendario de fiestas de la capital isleña, de su historia y sus anécdotas.

– ¿Qué importancia tienen y han tenido las fiestas en la vida y desarrollo de la ciudad de Santa Cruz?

Santa Cruz viene celebrando desde 1513 su Fiesta Mayor, la Fiesta de la Cruz. Según se fueron creando los barrios, cada uno celebraba su Fiesta coincidiendo con la onomástica de la imagen que se veneraba en su iglesia. Además de estas fiestas religiosas, los habitantes de Santa Cruz han dado muestras de su espíritu festivo en la celebración de sus carnavales.

La festividad de la Santa Cruz comenzó a celebrarse en esta Villa el 3 de mayo de 1513, ocho años después de su Fundación. Los actos eran organizados por la Cofradía de la Cruz, formada por vecinos del barrio del Cabo, con la colaboración del Ayuntamiento.

En la festividad de la Cruz de 1799, en un bando firmado por el alcalde real José María de Villa, le indicaba a los vecinos que las calles por las que pasaba la procesión deberían tenerlas aseadas y limpias de piedras, procurando adornarlas con ramos de flores, y que las colgaduras de las ventanas tuvieran la mayor decencia posible. Que la noche de la víspera, pusieran luminarias en todas las ventanas, desde las siete hasta ánimas. Que en la parroquia, el jueves por la tarde se cantará Víspera y Maitines, y el viernes por la mañana habrá misa y sermón, estando la Cruz presente.

A partir de 1852, cuando el Gobierno autoriza al Ayuntamiento a realizar anualmente la Fiesta de la Cruz, del 1 al 5 de mayo, la procesión de la Cruz saldría de la ermita de San Telmo y, después de recorrer las engalanadas calles del barrio del Cabo, llegaría a la parroquia de La Concepción, acompañada de la Corporación Municipal y multitud de personas, seguidas de la charanga militar y tropa de la guarnición. Por la noche hubo paseo y música y se quemaron fuegos de artificio. La plaza de San Telmo estaba llena de casetas decoradas, hubo encuentros de lucha canaria, regata de botes en la bahía, etc.

– ¿Cómo surgió la celebración de las Fiestas de Mayo?

En 1894, año que conmemoraba el Cuarto Centenario de la Fundación de la Ciudad, el alcalde, Anselmo de Miranda y Vázquez nombró una Comisión en la que estaban representados el Clero, la Milicia, el Comercio, la Prensa, y las Sociedades, pasando a denominarlas Fiestas de Mayo.

Estas fiestas fueron las más brillantes de las que se habían celebrado hasta ahora, pues todos los actos revistieron gran solemnidad. Se engalanaron las calles y plazas con artísticos arcos, y la iluminación fue magnífica. La Cruz recorrió por primera vez el centro de la población, acompañada del ejército. Se volvió a decir la misa de campaña en la plaza de San Telmo, en recuerdo de la primera que se dijo en Tenerife, en aquel mismo sitio y ante la misma Cruz. La Sociedad Económica de Amigos del País montó una gran exposición de Arte, Historia, Industria, Agricultura y Comercio. Se celebraron conciertos en la plaza del Príncipe y en la Sociedad Santa Cecilia. Hubo fiesta marítima en el muelle, carrera de cintas a caballo, tres corridas de toros, y bailes en el Casino, en el Círculo de Amistad y en la sociedad Santa Cecilia. También la colonia palmera trajo la “danza de los enanos”.

En la actualidad, los actos que se celebran revisten gran brillantez. La exposición regional de flores y plantas, y de artesanía tradicional canaria. El concurso de cruces de flores naturales y de materiales reciclados. El Baile de Magos, y el concurso de comidas típicas y de artesanía gastronómica canaria. La elección de la reina de las fiestas y sus damas de honor, infantiles y adultas. El concurso infantil de trajes tradicionales y de dibujo y pintura, etc.Programa 1959

– Las celebraciones en los barrios son también un elemento fundamental…

 Cierto, también fueron y son muy concurridas y populares las fiestas que cada barrio celebraba, coincidiendo con la onomástica de la Imagen que se veneraba en sus iglesias, ermitas o capillas; como la del Pilar, Regla, El Carmen, San Telmo, San Sebastián, Santo Cristo de Paso Alto…

Las plazas y las calles adyacentes se adornaban profusamente con arcos, ramas, banderas y farolillos. Se montaban ventorrillos, neverías, y puestos de turrones. Había bailes populares, lucha canaria, títeres, cucañas, fuegos artificiales, y parrandas.

A ellas acudía todo Santa Cruz. Como apenas se daban ocasiones para que los hombres y las mujeres se relacionaran, era muy tradicional que en estas fiestas intentaran lograr encuentros, formando parte de un juego galante. Las mujeres –tapadas-, cubriéndose el rostro con el celaje de las mantillas, se acercaban a los galanes para pedir la feria; es decir, solicitarle un regalo, lo que daba lugar al inicio de una conversación; mientras que los hombres –embozados-, disimulando su identidad tras la vuelta de su capa y bajo las sombras del ala del sombrero, aprovechaban este momento para decirle a las damas sus galanterías.

El Pilar es una de las más antiguas, pues comenzó a celebrarse en 1774, año en que se construyó su iglesia en un solar situado en un altozano, conocido como Cerrillo del Toscal. Su fiesta, celebrada cada 12 de octubre, fue considerada hasta finales del siglo XIX como una de las más populares de esta Villa, pues hasta allí concurría toda la sociedad de la Villa.

La Virgen de Regla se lleva a cabo en el barrio de Los Llanos, cercana al mar, en el camino de las Cruces o del Calvario. Su festividad se viene celebrando con gran suntuosidad desde el siglo XVIII, pues cada 8 de septiembre todo Santa Cruz acudía a su procesión, a la que se sumaban los soldados del castillo de San Juan (castillo Negro), saludándola con salvas cuando pasaba por sus inmediaciones. Era muy animada y con mucha concurrencia, pues sus bailes populares tenían mucha fama.
Aunque, en 1958, el plan de urbanístico del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife demolió las casas terreras y ciudadelas de los barrios de Los Llanos y El Cabo, donde vivían 800 familias de clase trabajadora, y sus moradores fueron realojados en barriadas situadas lejos de su entorno, cada 8 de septiembre, se vuelven a reencontrar en los alrededores del Templo para celebrar todos juntos la festividad de la Virgen de Regla. Las señoras son las encargadas de que la Virgen luzca cada año un precioso manto y lujosas joyas, regalos de sus fervientes devotos, a la vez que mantienen la Ermita en perfectas condiciones de arreglo, limpieza, adornos y decoración.

La primera procesión de la Virgen del Carmen tuvo lugar en 1720. Salió de la parroquia de Ntra. Sra. de La Concepción, ataviada con su manto de seda y el gran escapulario de plata en su mano, acompañada de las autoridades y dos filas de monjes con los cirios encendidos. A su vera, la banda de tambores y clarines retenía a los vecinos y devotos que habían venido de todos los rincones de la Isla.

Esta procesión se mantendría con todo su esplendor hasta el año 1919, en que el armisticio ponía fin a la Primera Guerra Mundial. El párroco de la Concepción, para agradecerle la llegada de la Paz, cambió su forma de celebración, subiéndola en una gabarra del muelle y realizando con ella un paseo marítimo por la bahía, mientras los barcos, atracados al muelle Sur y muelle de Ribera, hacían sonar sus sirenas y bocinas formando un conglomerado multicolor y sonoro. Procesión que continúa celebrándose cada 16 de julio.

La cofradía de pescadores de Santa Cruz le construyó una ermita a San Telmo, patrono de los Navegantes y pescadores desde 1741 y, cada 15 de abril, día de su festividad litúrgica, le entregaban la limosna al Santo, quién tenía derecho a su jornal como si de un marinero se tratara.

La veneración que el gremio de mareantes y todos los vecinos del barrio del Cabo sentían por este popular Santo, lograrían que a partir de 1838, cuando se restauró la iglesia y se embaldosó la plaza, comenzaran a celebrar su fiesta, la cual llegó a ser considerada una de las de mayor arraigo y devoción popular de Santa Cruz.

 También hay que hablar de San Sebastián, considerado abogado e intercesor de la “peste”, en 1788 fue trasladado en procesión, desde su ermita a la parroquia de la Concepción, para rogarle que evitara la epidemia de la peste. Las crónicas cuentan que “la enfermedad no se adelantó mucho en la Villa, ya que el Santo concedió lo que se pedía”.

 Su fiesta, que se viene celebrando desde 1882, era una de las más populares y concurridas de Santa Cruz. El 11 de enero se le subía a buscar a su ermita para trasladarlo hasta la Parroquia de la Concepción, donde se le hacía un novenario, y el día 20, día de su onomástica, en procesión romera lo llevaban de nuevo a su ermita, donde los asistentes utilizaban la campiña aledaña para comer las viandas que habían llevado, cantar y bailar. En el siglo XX, esta fiesta se celebraba con ventorrillos y quema de fuegos de artificio.

Su procesión siempre era acompañada por disparos de artillería desde el castillo de San Cristóbal, siendo muy comentado el gasto de pólvora que se efectuaba a lo largo del trayecto.

El Santo Cristo de Paso Alto comenzó a celebrarse después del ataque de la escuadra Inglesa, al mando del Almirante Horacio Nelson. Pues el 24 de julio de 1797, de las 41 bombas arrojadas sobre esta fortaleza, una de ellas hizo explosión dentro de la Capilla, donde se encontraba un cuadro del Crucificado, sin que los seis cascos en que se abrió causaran el más leve daño, por lo que en los corazones de los 55 soldados que defendían el Castillo brotó un sentimiento de amor hacía el Crucificado.

A partir de este momento, la devoción popular empezó a considerar el hecho como milagroso y, cada 23 de septiembre, comenzó a celebrarse la romería al Cristo de Paso Alto, consistente en una peregrinación hasta el Castillo, a la que asistía mucha concurrencia, con su pintoresco atavío, sus cantos y sus danzas.

– Y por supuesto no podemos obviar la celebración del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife…

– El Carnaval es una celebración popular que forma parte de la historia de Santa Cruz de Tenerife. Se puede decir que el pueblo chicharrero es propenso a celebrar casi por cualquier motivo.

Los primeros bailes de Carnaval en esta Villa comenzaron a celebrarse en varias casas de la alta burguesía, el martes 24 de febrero de 1778. Estos festejos continuarían el jueves de Comadres, y terminarían el domingo de Piñata. Mientras, el pueblo llano los celebraba en las plazas y las calles.

A partir de 1851, la temporada de bailes de disfraces en el Teatro Municipal, el Casino, Círculo de Amistad, y en la Sociedad Filarmónica Santa Cecilia, comenzaba el 8 de diciembre y terminaba el domingo de Piñata.

Como hasta principios del s.XX, las leyes prohibían ir disfrazado por la calle, los bailes de disfraces se celebraban en las sociedades de forma camuflada. No obstante, las autoridades hacían gala de una política de tolerancia, reconociendo que “la persona que se disfraza en este pueblo nunca han dado desorden, pues es bien conocida la docilidad y comedimiento del vecindario, motivo por el que no parece prudente privarle de esta fiesta a la que están acostumbrados”.

Después de los periodos bélicos, Santa Cruz celebraría el Carnaval de forma clandestina, según el parámetro de tolerancia que tuvieran los gobernadores civiles de turno; sin embargo, el espaldarazo definitivo a nuestra Fiesta llegaría en 1961, cuando el gobernador civil Manuel Ballesteros Gaibrois, el obispo Domingo Pérez Cáceres, y el secretario de Información y Turismo, Opelio Rodriguez Peña, tuvieron la feliz idea de sustituir el nombre de Carnaval por el de Fiestas de Invierno de Santa Cruz de Tenerife, siendo los únicos carnavales que se celebraban en toda España, los cuales serían declarados Fiestas de Invierno Turístico Internacional en 1980.

La esencia de nuestro Carnaval está en sus certámenes de rondallas, murgas, comparsas, agrupaciones coreográficas, musicales, etc. Los concursos de disfraces, la cabalgata anunciadora, y la elección de las Reinas del Carnaval.

En el gran Coso del Carnaval que tiene lugar en la avenida Francisco La Roche (avenida de Anaga) cada año participan multitud de personas, logrando una fusión de color y sana alegría. 

El miércoles de ceniza, tiene lugar el entierro de la sardina –chicharro-, una irreverente procesión, burlesca y desenfadada, en las que las plañideras y viudas, entre lágrimas y desmayos, trasladan al chicharro hasta las proximidades del muelle para que el fuego expiatorio nos libre de los excesos cometidos durante la fiesta; aunque esta fecha da paso a la Cuaresma, tiempo de reflexión religiosa y espiritual, todavía nos queda la Piñata Chica que se celebra el sábado y domingo siguiente.

José Manuel Ledesma

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